«(MEJORES) HUMANOS»: COLUMNA DE OPINIÓN DE NUESTRO RECTOR LUIS MUÑOZ BARRIGA

“Oppenheimer” es el nombre de la película que recuerda los horrores de la guerra y el ingenio del ser humano al obsesionarse con las armas y, de muy particular manera, con la destrucción masiva y que fue estrenada poco antes de la conmemoración de las únicas dos veces en la historia, que se utilizaron bombas nucleares contra población civil, provocando más de 214 mil muertes en Hiroshima y Nagasaki.

Desde entonces, la irracionalidad y la justificación de estas acciones han colmado la cultura, desde lo macro a lo más doméstico, desde los cómics hasta los libros de historia y el cine. La violencia desatada no es más que el reflejo de una decadencia moral que ha perdido la capacidad de formar ciudadanos tolerantes, empáticos y respetuosos. Más hoy día, con tantas instituciones y personajes públicos que dan pauta de un mal actuar, justificando conductas que carecen de toda consideración hacia los demás.

¿Cómo educamos en este contexto? ¿Cómo transferimos esa información histórica sin caer en proselitismos? ¿Cómo convencernos de que cualquier tipo de violencia -verbal, física o psicológica- es una acción destructiva que impide la construcción de una sociedad sana?

Hace mucho tiempo, en una sala de clases, sorprendí a unos estudiantes jugando con unas pistolas de fantasía con el evidente riesgo de lastimarse un ojo. En el llamado de atención -con una profunda reflexión anti armamentista- pretendí inspirar un sentimiento de paz: “Estos juguetes no deberían existir”. Entonces, uno de los chiquillos, agudamente contestó “Disculpe profe, pero que nos las haya quitado prueba que sí existen” … Mi paciencia cayó en picada: “Hasta ahora -exclamé, mientras requisaba los juguetes- porque estos no van a existir más para ustedes”.

Ese juego es un acto mínimo si se compara con la violencia que hoy vemos no sólo a través de los medios, videojuegos o expresiones artísticas como el cine o la música; sino también en conductas cotidianas, en los lugares de trabajo, en el tráfico, al interpelar a alguien cuando requerimos su atención o, incluso, con la familia.

Los adolescentes difícilmente respetan la figura de “autoridad” de los profesores si han crecido siendo invalidados por su entorno a través de generalizaciones y críticas que no buscan un punto de encuentro que promueva la armonía y el entendimiento. La descalificación es el inicio de la intolerancia y de la agresividad que vemos en todas partes.

Como educadores, tenemos el desafío de crear instancias de diálogo, de resolución de conflictos, de que los estudiantes se interesen y se encanten con las ciencias, los números, las humanidades o el deporte. ¡Hay tantas preguntas sin resolver que necesitan a las nuevas generaciones! Nunca olvidemos que el acto pedagógico trasciende lo puramente conceptual y procedimental porque seamos claros: la Inteligencia Artificial puede contar historias, asociar conceptos y resolver problemas numéricos; pero jamás podrá educar la conciencia, las virtudes o las emociones que nos hacen (mejores) humanos.

Publicada en El Diario Austral de Osorno, domingo 13 de agosto 2023: Página 2 | australosorno.cl – El Austral de Osorno – Osorno, Chile – 13.08.2023

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